Ir al contenido principal

Entradas

Última publicación

Esta vez

Esta vez
voy a pensar al amor
como un estado
Entradas recientes

Amor de verano

Después de seis meses, me crucé a mi amor de verano 2013 en Plaza de Mayo. Apenas lo vi me sorprendió su look: tenía unos anteojos muy grandes, estaba afeitado, miraba, hablaba y gesticulaba con un aire chetón palermitano que en el carnaval humahuaqueño yo no había detectado. Me gustó reconocer sus uñas largas para tocar la guitarra, pero la falta de talco y espuma carnavaleros dejaban ver que debajo del morocho amante del folklore que yo había conocido meses atrás, había otra persona. Intentamos contarnos más o menos en qué andábamos, pero otras conversaciones se dispararon y se interpusieron entre el objetivo y nosotros. Sentados en el pasto me contó que estaba ahí por una marcha sobre unas leyes de música, no entendí muy bien de qué se trataba, pero sospecho que él tampoco. Hablamos de su banda, que se había comenzado a gestar en el Norte, que ahora estaba haciendo varias fechas. Le conté de mi nuevo laburo como asistente en una obra itinerante. Me preguntó por los amores, y despué…

Viajante

Aparece en mi ciudad un martes a la tarde, cuando el verano está por comenzar. En un bar, toma un café y el sol le pega a través de un ventanal enorme. Con los codos en la mesa lee, no llego a ver el título, el autor es Halperín Donghi, historiador que alguna vez leí en la facultad. Usa anteojos de pasta negros, el pelo prolijo, la barba de un día.       
Viene el mozo, le pido un cortado igual al que toma él. Tiene la piel muy blanca, la nariz chica, pestañas largas. Cada vez que pasa las páginas del libro, sus dedos largos y finos se mueven con la delicadeza y precisión de un pianista.       
El hombre con un gesto pide otro café. Me ve, se detiene, me sonríe. Sonrío. Acalorada me hundo en mi celular, ninguna notificación. Desde su lugar, cierra el libro, señala mi mesa.    
-¿Esperás a alguien?     
-No.
-¿Puedo?
El hombre se sienta conmigo.
-Manuel, un gusto.       
Quiero echar azúcar en mi pocillo y la desparramo por todos lados. Él intenta ayudarme a limpiar pero vuelca mi …

Mapa

Salí a la calle y un hombre me preguntó cómo viajar a Saavedra. Desde que vivo acá nunca tuve que ir para ese lado, así que no tenía una respuesta muy precisa para dar. Sabía que el 65 o el 42 lo acercaban, pero ni siquiera cuánto. Me dijo que tenía que ir a Congreso y Balbín, esquina en la que trabajé años atrás. Pensé durante un rato, no se me ocurrió nada útil. Vacilante, él se rascó la cabeza, y me pidió si no era mucha molestia que me fijara en mi celular qué hacer porque el suyo se había quedado sin batería. Con un gesto de disculpas, le mostré que sólo tenía la llave y algunos billetes en la mano.
-Me tomaría un taxi, pero estoy sin plata encima.

La vida es el tomate, los fideos, el precio de la milanesa, el bondi, la bici, el cuerito roto, la persiana que no baja, dormir profundo, escribir en una hoja ya usada, garabatear y remarcar palabras, leer una noticia y compartirla en Facebook, putear porque no te responden los mensajes, hojear, leer un libro, buscar cualquier papel como señalador o para anotar algo, usar siempre el mismo perfume, cerrar los ojos de sueño frente a la computadora, apagar el despertador todos los días varias veces, saludar al vecino, no saber el nombre, estirar la toalla para que se seque, los foquitos de repuesto, no conseguir un plomero decente, pagar el celular, enchufar la compu porque se le acaba la batería, barrer, mirarse al espejo, buscar el mejor perfil, repasar declaraciones de amor escuchadas, fantasear encontrar a alguien, hacerse el distraído al ver un conocido por la calle, leer el diario, procrastinar, escribir mails, escuchar listas de música en internet, ver películas online y que se ti…

Tacho

"Me va a salir carísimo" pienso. Hago cuentas mentalmente, y en Belgrano y Pasco me subo a un taxi que justo al acercarse a mí, prendió su bandera de libre. Al pararse me doy cuenta que no es radio taxi, pero ya es tarde, ya abrí la puerta. Por un instante, aparece la idea de secuestro-violación-muerte, pero en seguida me olvido. Tengo que estar a las cuatro de la tarde en Warnes Culture, y son las menos diez. Como siempre, chequeo el piso del auto, no sea que a alguien se le haya caído plata y sea mi día de suerte.

De quienes sean

Abro los ojos, un rayito de sol llega desde la ventana a mi cama. Apago la alarma, se escucha de fondo la radio que anuncia lluvia para la tarde. La tía entra a mi cuarto en deshabillé rosa, trae una bandeja con un café con leche y tres tostadas. Entredormido y tapado hasta el cuello, como si el invierno hubiera llegado esta mañana, me tomo el desayuno. Con el corazón que no para de latirme, me levanto. Un nudo en el estómago, me rasco las cascaritas de la mano de cuando me caí de la bicicleta hace unos días. Ya no arden. Me visto, voy al baño, me lavo los dientes. Me detengo frente al espejo y me pregunto para qué todo esto. Por qué a mí. Vuelvo a mi habitación, y recorro con la mirada mi biblioteca, en el primer estante están, llenos, los perfumes que mamá me regaló durante años para Navidad,  sigue ahí el peluche de Ana, un par de libros polvorientos. Agarro la caja celeste, me siento en la cama y la abro. El mazo de cartas, las payanas, la pistolita de agua, soldaditos de plástico…

Menú diario

Estación de tren Federico Lacroze. Imperio de la pizza. Ella unos 25 años, él un par más. Están los dos sentados enfrentados en una mesa, es sábado a la noche. El camarero trae cuatro porciones de muzzarella y una botella individual de gaseosa, que la comparten. Toman los dos una única bebida no porque no tengan mucha sed, o dinero para comprarla, sino porque –tal vez ambos lo sepan- no vale la pena gastar ni siete pesos más en esa cena. El diálogo es cotidiano, parece que se conocen hace treinta años, y que no tuvieran qué contarse el uno al otro. Él tiene la mirada perdida en algún cartel por encima de la cabeza de ella, quien mira su propio plato, la tabla de la mesa color gris granito y el piso. Mientras se quita un orégano de los dientes, los ojos de ella encuentran una pareja sentada al lado suyo. Un hombre y una mujer, que rondan los 45 años, sumergidos en su pizza, y no sólo porque sea deliciosa, sino porque cada uno está en un plano distinto al del otro. Ni siquiera comparten…

Musa

Ella le preguntó si le molestaba que lo usara como fuente de inspiración para un relato de amor. Él le respondió que le incomodaba muchísimo, y le pidió por favor que no lo hiciera nunca, o no podrían volver a dormir juntos.

Contacto

Casi como un reflejo, o como el resultado de una conversación que parece ser tan sólo un paneo general de futuras palabras e ideas, bajo la lluvia de marzo y la melodía que caracteriza las avenidas de Buenos Aires, unen sus labios. El escenario donde están parados deja de existir, la piel de ella se baña, no del agua que cae del cielo, sino del perfume de él.

Relojes

Las agujas marcan el ahora, el pasado, el futuro. Nos persiguen con su tic-tac permanente. En el silencio de la paz, como una melodía, suena el pulso del tiempo. ¿Tenés hora?El mejor momento para hacerlo es hoy.Ya llego, esperame un ratito. ¿Te falta mucho? ¿Dónde andás? ¿A qué hora me dijiste? Cómo pasa el tiempo. ¡¿Ya son las 4?! y el pan sin vender. El tiempo todo lo cura. Y todo lo destruye. Todo el tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor. Ser impuntual. Todavía falta un rato. Hace mucho que no sé de vos. El amor no conoce de tiempos. Hay cosas que son para siempre. Parece que para siempre no dura tanto. El reloj se para, se frena. El tiempo no pasa más. Y también es relativo: sentate al lado de una chica bonita, vas a ver. Ir a otro ritmo. Temporalmente fuera de servicio. Te amo ya, y ya es mañana.Es temprano para el sol, pero tarde para hablar, mi amor. Necesito tiempo. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No por mucho madrugar, se amanece más temprano. Es hora de

Desconexión

Quería cantar una canción, y escribía un cuento. Quería soñar que despertaba. Esperaba con ansiedad encontrar la paz. Quería mostrar indiferencia, lo hacía con mucho interés. Miraba por la ventana y veía el interior de su alma. Pintaba paredes mientras se descascaraban los cuadros. Emanaba dulzura cuando sentía dolor. Planeaba volar pero llovían cenizas. Escuchaba el tránsito, e imaginaba el mar. Observaba un muro y olía la montaña. Escupía reproches, buscaba caricias.
El mundo pasaba a su alrededor, no lo veía.